lunes, 1 de octubre de 2012

Como cuando era pequeño

Y la mañana siguiente transcurrió igual, lloviendo a mares, sin parar ni aflojar lo más mínimo. Me senté en el sofá pensando que sería el domingo más horrible de mi vida. Pensaba y pensaba. De buenas a primeras se me ocurrió bajar al trastero por curiosidad. Simplemente quería echar un vistazo, hacía tiempo que no asomaba por allí. Me puse la chaqueta que tenía en el colgador, era un lugar frío y más con lo que estaba cayendo… y bajé. Abrí y encendí la luz, di un par de pasos y me puse a mirar hacia todos lados como si estuviera buscando algo. Entonces vi una caja grande que apenas recordaba y me emparré por la estantería hasta dar con ella. La bajé y la abrí. La verdad es que lo hice como si fuera un regalo para mí. En el interior había juegos de mi hijo, apenas tendría unos 7 u 8 años cuando jugaba con todo aquello. No sé por qué empecé sacando varias cosas, pero cuanto más sacaba, más interés tenía en ver todo su contenido. Tiré una manta vieja que tenía a mano al suelo y me senté encima. Terminé por vaciar la caja. Soñaba despierto y junto a aquellos juguetes me envolvió la magia de cuando yo tenía esa edad. Alucinaba con una excavadora, hacía sonidos con la boca como si estuviera trabajando. También me flipaba un par de coches de carreras. Eran de aquellos que siempre quieres que ganen los dos, pero a mí me gustaba hacer que uno de ellos se estrellara… pummm… y lo hacía volcar mientras el otro llegaba a la meta. Aquella caja contenía cosas con las que yo no había jugado nunca, así que no sabía cómo hacerlo. Lo primero que se me pasaba por la cabeza  era con lo que le daba juego a aquellas cosas. Como con un par de muñecos que iban con pilas que ahora ya estaban gastadas. Yo los usaba de público mientras los coches corrían y cuando había un accidente, entonces los convertía en servicio de rescate. Llevaba puesto un sombrero de pistolero y un cinturón con una pistola a cada lado, ah! y la estrella de sheriff colgada la parte izquierda de mi camisa, junto al bolsillo donde tenía mi móvil. Qué cosas… Seguí jugando y me liaba con varias cosas a la vez, era realmente fantástico. Jugué hasta caer rendido. Me retiré y me senté un rato en el mismo sofá donde hacía unas horas pensaba que sería mi peor domingo y fue todo lo contrario.
Sigo sentado y pensando que nunca deberíamos perder esa forma de disfrutar la vida, esa manera de sentirnos simplemente niños. Felicices con nuestras cosas. Me quedé agazapado en el sofá abrazando un cojín, al que le chupaba una de sus puntas mientras me dormía. Como cuando era paqueño.
       
Un rmini relato encantador...diría yo. Espero que os guste. 

Lorenlome.