martes, 30 de octubre de 2012

Carta a mi amada

Primavera de 1856.


Enebro estas letras para vos, amada mía. Estoy impaciente y cada palabra que formo se afina por si sola en este papel.
Hace semanas que sueño con vuestro cuerpo acurrucado junto al mío y vuestra piel, tan fina, se presta al temblor de mis manos que ciegamente acaricia.Me relamo tras pronunciar mis propias palabras en voz baja, saboreando en ellas el amor que os anhelo con desventaja.

Faltan pocos días para que os visite y me siento como chiquillo bandolero escondido tras un hurto. Nervioso más por veros que por besaros, diría. Os amo intensamente. Ferozmente a decir me atrevería, porque sin vos estos días, comparto mis caricias con la luna cada noche, y tras amanecer, son las flores las que me consuelan sin reproche. Me tiemblan las ideas cuando cierro los ojos y os veo. Oh sí, es dulce confitura cada instante sueño y que sin medida os poseo. Cada poro de mi piel se dilata con vuestra hermosura, colándose por ellos los suspiros de mi deseo. Me tenéis enamorado. Es como tener más de una vida y amaros por triplicado. 

Si pudierais contemplar mi cara en este momento, sabríais a lo que me refiero. Mi sonrisa, parece golosina cuando pienso que el momento de veros se aproxima. Mis ojos brillan más que las estrellas y mi corazón late diferente, como os diría… como en clave de sol. Hasta mis pies avanzan más que mis botas y mi alma no se cansa de vuestro sabor. Porque esta prosa no es lo único sincero que para vos poseo. Sin ir más lejos, hace pocos soles, tuve oportunidad de contemplar un valle bellísimo. Cubierto de colores y formas, rincones que parecían pintados. Ese valle, lo corta un riachuelo de agua revoltosa como traje andaluz, en el que las piedras pican entre sí como castañuelas españolas. Hay rinconcitos donde el agua cambia de color en el batir de las olas. Oh!! realmente…
Memoricé para vos cada esquinita, cada rincón, cada cuarta de terreno que la naturaleza pintó. A nuestro encuentro, os lo quiero describir, a vuestros oídos concretamente y que caiga en ellos cada verbo, cada adjetivo y cada sensación como fruta madura. Me gustaría tanto que estuvierais ahora a mi lado, vos contemplando este valle y yo, mientras tanto, acunar cada sonrisa vuestra, cada detalle. 

Sólo mientras duermo dejo de pensaros, porque entonces os tengo en mi sueño embelesado, y en vuestra mirada enredado me deshago infinitamente, porque si hay una razón para vivir, es por vos simplemente. Me cuesta poco abrirme a vuestra alma y contaros sin remilgos lo que siento, lo primero que me salga, porque todo lo que amo sois vos. Llevo caminando varias jornadas por veros y besaros. Aún me faltan unos días, confiad en que llegaré, tenéis mi garantía.
Teneros a mi lado hasta el fin de mi vida. Ser egoísta y morir primero, porque en mi agonía ni un solo segundo sin vuestro aliento aguantaría.
Mi corazón que ahora es altanero, me hace amaros con esmero y mi sangre galopa como caballo Bretón.

No quisiera darle fin a esta carta sin reiterar que os amo profundamente.

                                                                                                                              Lor DeGin

Loren lome