domingo, 3 de abril de 2011

Carta número 7


21 de mayo de 1842

Señora mía,

Os remito la siguiente con la más sincera intención de transmitiros mis sentimientos hacia vos.
Hay noches que vuestra imagen ilumina mis sueños, haciéndolos realmente hermosos. Por ello jamás deseo que amanezca, porque teneros en mi pensamiento aviva la sensación de amaros completamente.
Vuestro sabor cubre por entero mi boca y me embriaga dulcemente, volviendo mi alma loca por vos. Mi cuerpo, aún cubierto con cada caricia que ayer me disteis sin querer, hizo de mi sueño una vida en la que por vos moría, por salvar la vuestra.
Os amo infinitamente y aprovecho ésta para llorar mientras escribo las palabras aquellas que susurrar quisiera en vuestro oído. Sí, realmente me deshago con cada una de ellas, con cada coma incluso y pausar así un segundo para poder pensaros. Y en cada punto, imaginar vuestra respuesta diciendo, sí, yo también os amo.
Quisiera acunaros en mis brazos y cantarle a vuestro corazón una balada, con palabras sencillas, e intercalando un beso cada dos caricias.
Cuando nazca el día y el sol le salude, recuerde señora mía, que os amo más que ayer, que os estoy pensando cada segundo de mi vida. Porque amaros es respirar lo que vos respiráis, es soñaros sin dormir y dormiros a mi lado. Me quedaría por siempre, aunque a vuestros pies fuere para ser vuestro criado. Y servir vuestros deseos en bandeja de plata y andar de puntillas, o a gatas, para no romper el silencio de las noches que durmierais pensando en que os amo. Cubrir las tardes cálidas con sonrisas bien llevadas y cumplir vuestro capricho encantado, por el simple hecho de permanecer a vuestro lado.

Me despido sin despedirme de vos, porque estáis en mi tan permanente que no me sale despedida, sino amor simplemente.

                                         Sir Lorens De Ginestà.