miércoles, 9 de febrero de 2011

El primer beso


Y me diste tanto…
Cualquier día, a la misma hora que nos vimos hace unos meses, quisiera repetir el beso de la mañana de aquella última jornada de invierno. Hacía frío y salimos cogidos de la mano como si no pudiéramos separarnos. Caminamos un rato bajo un manto de humedad gris que nos acompañó sin pedir permiso. Poco a poco nos fuimos juntando hasta casi ser un solo cuerpo, pero con las mismas ganas de besar nuestros labios. Sin más espera me diste un beso.
Fue maravilloso, tal cantidad de sensaciones que casi no puedo describir.
Mi pensamiento se puso a navegar un mar infinito y sin destino zozobraba rezando porque no tuviera final. Con aquel beso que visitó mis labios empezó un paseo que desordenó mis sentidos y los puso a bailar dentro mi boca, erizó completamente mi piel poniendo mi corazón a cien. Chispeaban por mi cuerpo una especie de burbujas que me recorrían por completo y… me diste tanto en aquel beso…
que ahora cariño mío solo contigo disfruto cada segundo que vives y vivo, alcanzando así el amor más absoluto.
Porque te amo en la melodía del silencio con cuatro notas en “SI” mayor, y también a gritos bastos, porque no, para que se oiga más si cabe y que se entere quien no lo sabe, que amar te amo cada día, que es constante y que no hay segundo que no desee besarte.